Acto Académico de fin de cursos 2018 – 2019. Preparatoria

El día de hoy dicen adiós a una etapa más de su vida escolar, la preparatoria. En estos tres años de su enseñanza media superior seguramente que se habrán mezclado momentos de alegría con otros de frustración, experiencias satisfactorias por los descubrimientos alcanzados con instantes de zozobra, esfuerzos por perseguir ideales elevados con constatación de egoísmos y de limitaciones.

– Hermano Carlos Martínez –

Este acto académico que estamos celebrando es un momento propicio para mirar tu presente desde una perspectiva más alta y para vislumbrar los necesarios reenfoques en el timón de tu vida. La toga y el birrete que vistes no son sólo una prenda honorífica y protocolaria son también un llamado para repensarte y para reinventarte.

Permíteme expresarte en nombre de nuestro Instituto México y del carisma marista cuatro deseos con cuatro verbos sencillos:

Primero: “sueña”. Los sueños son un componente esencial de la vida, son su expresión más alta noble y digna. Los sueños que puedes realistamente cultivar están profundamente vinculados con tu adn, con tus cualidades. Alberto Einstein llegó a declarar “mi talento es ser apasionadamente curioso” y a partir de ese descubrimiento llegó a ser el eminente científico que revolucionó la física. ¿Cuál es tu talento? ¿Cuál es tu pasión vital? ¿Cuál es la inquietud que cada mañana te va a hacer saltar de la cama con ilusión? Todos somos superdotados en algo, el reto es saber en qué. Puede ser que en este momento ese talento, ese sueño, esté en germen, descúbrelo, cultívalo, enamórate de él, comprométete con su cristalización.

Segundo: “lucha”. Vivimos en un México de tradiciones ricas y de gente entregada, pero también en un país desgarrado por la violencia y la corrupción, en el que a veces se antoja que hay más náufragos que navegantes. Creo que la vida se encuentra del otro lado del miedo, del desaliento, de la superficialidad y de la mediocridad. En más de una ocasión durante el año me escuchaste comentar el refrán africano que dice: “Las hormigas se juntaron y movieron al elefante”. Súmate a las minorías creativas que luchan por la transformación gradual de sus entornos. El mundo necesita gente que ame lo que hace. Hace poco más de cinco siglos el escritor español del siglo de oro, Baltasar Gracián definió la existencia como una “milicia contra la malicia”; me parece un juego de palabras ingenioso y también inspirador de lo que puede ser un proyecto de vida, el tuyo y el mío.

Tercero: “Prepárate para enfrentar el fracaso”. Luchar no quiere decir ver coronado nuestro afán con la sonrisa del éxito. Muchas veces tendremos que experimentar el desconcierto de la frustración y probar el sabor amargo de la derrota y la humillación. Me parece que el fracaso y la contrariedad son elementos constitutivos de la lucha. Pienso en ellos como en los necesarios eslabones de una larga cadena de intentos que conducen al éxito. Los hermanos Wright levantaron el vuelo después de 163 experiencias fallidas. Si en tu etapa universitaria, en el deporte, en el estudio, en las relaciones sociales, o en las familiares, no aciertas a la primera no te desanimes, evalúa, recupérate, proyecta, anímate, intenta nuevamente; el mundo pertenece a los que combinan la tolerancia al fracaso con la persistencia.

Cuarto: Conviértete en regalo para los demás.  La vida es un don que recibimos gratis y que estamos llamados a entregar gratis. La mayor sabiduría de la vida es  transformarnos en “don para los demás”. Vivimos en un mundo que es un bazar de ideologías, de feroz competencia, de amenaza de colapso ecológico, de cambio vertiginoso, de creciente inteligencia artificial, de proliferación de estímulos audiovisuales. Te puede acechar la tentación de instalarte en la diversión y en la moda, o de vivir tirado en un sofá, o encerrado en una burbuja. Convence a tus compañeros que eres más que un par de ojos, dos oídos, diez dedos y una pantalla. Eres autoconciencia con capacidad de relación, eres apertura a los demás, a la trascendencia y al infinito. Tu mayor reto es convertirte en don, en regalo para los demás.

Muchachos hoy que terminan su enseñanza media superior y se disponen a iniciar sus estudios universitarios les deseo que Jesús de Nazaret, el que nos amó hasta el extremo, quien se quedó con nosotros en forma de pan, les enseñe, me enseñe, que sólo “el grano  de trigo que muere es el que produce fruto”, que María de Caná, nos ayude a estar atentos a las necesidades del prójimo y que Marcelino de Lavalla nos inspire en el propósito de ser buenos cristianos y virtuosos ciudadanos de esos que son capaces de pensar alto, de hablar claro y  de comprometerse a fondo con su sociedad, con su Iglesia, con su familia. Muchas gracias.

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